Mentada de madre a la inteligencia Quacomeca. La Chinconguya, en Coalcomán pario una más de sus víctimas, el infortunado difunto alzo su vuelo al infinito y azul cielo, a la gloria, esa que nos promete la biblia. Al estar frente a frente con san Pedro le dijo: vengo a ponerme en las manos de Jesucristo ya que soy uno de sus ciervos, soy su hijo, el que nunca, ni una sola noche dejo de orar por él. El dueño de las llaves del paraíso, pelo largo y canoso, deslizo su mano izquierda sobre su barba, con voz firme y serena atajo: “me basta con lo que has dicho para entender que no mereces estar a la diestra del señor”. -porque san Pedro, porque me hace esto? El señor de las canas ya no quiso dar explicaciones señalo a otro anciano que si había logrado entra al cielo – si quieres saber ve y pregúntale a aquel, que si es afortunado- le dijo al de Coalcomán. El recién muerto por la Chinconguya, caminó apresurado para platicar con el dichoso hombre que ya había pasado la pr...
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